Foto editorial de Bilbao, España · destino publicado en Trivi Travel Issue

Travel Issue Nº 056 · España

Bilbao.

Industrial reconvertida, orgullosa y generosa en la barra. Una ciudad de hierro que aprendió a brillar en titanio.

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Mejor época

MAY · JUN · JUL · AGO · SEP

Viajero ideal

amante del arte y la arquitectura · foodie

Se parece a

San Sebastián · Getxo · Mundaka

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Tres razones para venir

Por qué Bilbao.

01

El Guggenheim de Frank Gehry (1997) cambió la ciudad y la forma de hacer museos en el mundo: un barco de titanio junto a la ría que se mira tanto como lo que guarda.

02

El pintxo en barra es una institución: en el Casco Viejo y la Plaza Nueva se come de pie, en ronda, con vino o txakoli.

03

A media hora están el Puente Colgante de Portugalete (el primer puente transbordador del mundo, Patrimonio Mundial) y San Juan de Gaztelugatxe sobre el Cantábrico.

Consejos de la editora

Los tips que no salen en Google.

Tip · 01

Pasear la ría desde el Guggenheim hasta el Ayuntamiento al atardecer, con el Puppy de Jeff Koons a la entrada del museo y la araña Maman de Louise Bourgeois junto al agua

Tip · 02

Mercado de la Ribera por la mañana, uno de los mayores mercados cubiertos de Europa, y vermú en el Casco Viejo

Tip · 03

Café o pintxo en el Café Iruña (1903), con su salón neomudéjar

Dónde dormir y dónde no

Los barrios.

✓ Donde sí

Casco Viejo (Siete Calles)

El Bilbao original: pintxos, la Plaza Nueva, tiendas de toda la vida y la Catedral de Santiago.

Abando y Ensanche

Avenidas, comercio y buenos hoteles a medio camino entre el Guggenheim y el casco.

Abandoibarra

La ribera reconvertida del Guggenheim y el Palacio Euskalduna: paseos y arquitectura contemporánea.

Bilbao La Vieja y San Francisco

El barrio alternativo: bares, galerías y cocina de todo el mundo.

✗ Donde no

Zonas de la periferia industrial para dormir

Más baratas, pero lejos de todo; el centro se recorre a pie y el metro de Norman Foster lleva a la costa.

Tres momentos que se quedan

Experiencias.

Momento 01

Guggenheim y ría

Mañana dentro del museo, paseo por la ría al mediodía y la vuelta al titanio al caer la tarde, cuando la luz cambia el color de la fachada.

Momento 02

Ronda de pintxos en la Plaza Nueva

Plaza porticada del siglo XIX con barras en todos los bajos. Un pintxo y un txakoli en cada una, sin sentarse, como manda la tradición.

Momento 03

Costa vizcaína en una mañana

Metro a Getxo para el Puente Colgante y, en coche, San Juan de Gaztelugatxe: la ermita sobre un islote unido a tierra por una escalera de 241 peldaños.

Lo que no hacer

✗

Ver el Guggenheim solo por fuera. La colección y las exposiciones temporales justifican la entrada; y la gran sala de La materia del tiempo, de Richard Serra, es de las que se recuerdan.

✗

Pedir raciones en una barra de pintxos y quedarse en un solo bar. El ritual es la ronda: uno o dos pintxos y al siguiente.

✗

Quedarse en el centro todo el viaje: la costa (Getxo, Gaztelugatxe, Mundaka) está a media hora.

✗

Ir a San Juan de Gaztelugatxe en temporada alta sin reservar el acceso: en los meses de más afluencia hay cupo.

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El editorial completo

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Hace cuarenta años, Bilbao era una ciudad gris de astilleros y altos hornos, con una ría contaminada y una crisis industrial que la vaciaba. Hoy es uno de los casos de estudio de urbanismo más citados del mundo. El símbolo de ese cambio tiene nombre propio: el Guggenheim que Frank Gehry levantó en 1997 junto a la ría, un barco de titanio que obligó al mundo a mirar hacia aquí.

El museo merece la visita por dentro y por fuera. La gran sala con las esculturas de acero de Richard Serra es de esas experiencias que se recuerdan con el cuerpo, y alrededor del edificio esperan el Puppy de Jeff Koons, cubierto de flores, y la araña gigante de Louise Bourgeois. Pero Bilbao no es solo el Guggenheim: el Museo de Bellas Artes guarda una de las mejores colecciones de España.

Después hay que ir al Casco Viejo, las Siete Calles donde nació la villa. Allí y en la Plaza Nueva, porticada y llena de barras, se practica el ritual más serio de la ciudad: el pintxo. Se come de pie, en ronda, uno o dos por bar, con un vino o un txakoli, y se pasa al siguiente. Por la mañana, el Mercado de la Ribera, uno de los mayores mercados cubiertos de Europa; a media tarde, un café en el Iruña, abierto desde 1903 con su salón neomudéjar.

La editora insiste en salir de la ciudad. El metro de Norman Foster lleva en media hora a Getxo y al Puente Colgante, el primer puente transbordador del mundo (1893) y Patrimonio Mundial, que todavía cruza la ría con una barquilla colgada. Y en coche, San Juan de Gaztelugatxe: una ermita sobre un islote unido a la costa por una escalera de piedra, con el Cantábrico rompiendo abajo.

Bilbao tiene fama de lluviosa, y la merece: el sirimiri forma parte del paisaje y la ciudad está hecha para él. Pero de mayo a septiembre los días son largos y templados, y en agosto llega la Aste Nagusia, nueve días de conciertos y fiesta gratuita en la calle. Es una ciudad que se entiende comiendo, caminando y mirando cómo una urbe industrial aprendió a ser bonita sin pedir perdón por su pasado.

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