
Travel Issue Nº 069 · Francia
Marsella.
Mestiza, rebelde y mediterránea. La ciudad más antigua de Francia, con un puerto que mira al mundo y calas salvajes a la vuelta de la esquina.
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Mejor época
MAY · JUN · JUL · AGO · SEP
Viajero ideal
amante del mar · senderista
Se parece a
Cassis · Aix-en-Provence · Niza
Tres razones para venir
Por qué Marsella.
01
Fundada por los griegos hacia el año 600 a. C. como Massalia, es la ciudad más antigua de Francia, y su Puerto Viejo sigue siendo el corazón.
02
A media hora del centro empieza el Parque Nacional de las Calanques: acantilados blancos y calas turquesa que se alcanzan a pie o en barco.
03
El MuCEM, el museo de las civilizaciones del Mediterráneo, une con una pasarela el siglo XXI y el fuerte de San Juan.
Consejos de la editora
Los tips que no salen en Google.
Tip · 01
Subir a Notre-Dame de la Garde, "la Bonne Mère", para ver la ciudad, el puerto y las islas desde arriba
Tip · 02
Perderse en Le Panier, el barrio más antiguo, con murales, plazas y la Vieille Charité
Tip · 03
Barco al castillo de If, la prisión de El conde de Montecristo, y a las islas del Frioul
Dónde dormir y dónde no
Los barrios.
✓ Donde sí
Vieux-Port
El centro de todo: mercado de pescado por la mañana, terrazas y barcos.
Le Panier
El barrio más antiguo de Francia: callejas, arte urbano y tiendas de artesanos.
Cours Julien
El barrio alternativo, con bares, música y grafitis.
Endoume y Malmousque
Barrios junto al mar, con calas urbanas para bañarse.
✗ Donde no
Barrios del norte para dormir
Lejos de lo que buscas y con algunos problemas sociales.
Tres momentos que se quedan
Experiencias.
Momento 01
Calanques a pie o en barco
Sendero hasta Sormiou, Morgiou o En-Vau entre pinos y roca blanca, o barco desde el Puerto Viejo para verlas desde el mar.
Momento 02
MuCEM y fuerte de San Juan
El museo de celosía de hormigón y la pasarela al fuerte medieval, con vistas al puerto y al Mediterráneo.
Momento 03
Mañana en el Puerto Viejo
Mercado de pescado en el muelle, el espejo gigante de Norman Foster y un café mirando los barcos.
Lo que no hacer
Juzgar Marsella por su fama de ciudad dura. Es una ciudad viva y mestiza, con barrios preciosos.
Ir a las Calanques en verano sin consultar el acceso del día: pueden cerrarse por riesgo de incendio, y algunas exigen reserva.
Pedir una bouillabaisse barata: la auténtica es cara y sigue una receta estricta; si cuesta poco, no es la de verdad.
Quedarse solo en el Puerto Viejo y no subir a Notre-Dame de la Garde.
El editorial completo
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Marsella tiene mala fama y buena vida. Durante décadas se la retrató como una ciudad portuaria dura y peligrosa, y algo de eso sigue en algunos barrios. Pero quien llega hoy descubre una de las ciudades más vivas, mestizas y bonitas del Mediterráneo, con 2.600 años de historia y unas calas salvajes a media hora del centro.
Los griegos de Focea la fundaron hacia el año 600 antes de Cristo con el nombre de Massalia. Es la ciudad más antigua de Francia, y su corazón sigue siendo el mismo: el Puerto Viejo. Por la mañana, los pescadores venden en el muelle; a media tarde, las terrazas se llenan bajo el espejo gigante de Norman Foster. Desde allí se sube a Le Panier, el barrio más antiguo, con calles empinadas, murales y la Vieille Charité, un antiguo hospicio del siglo XVII.
En lo alto de la colina, la basílica de Notre-Dame de la Garde, la "Bonne Mère", vigila la ciudad. Desde su explanada se ve todo: el puerto, las islas, el castillo de If —la prisión de El conde de Montecristo— y el mar. En 2013, cuando Marsella fue Capital Europea de la Cultura, abrió el MuCEM, el museo de las civilizaciones del Mediterráneo, unido por una pasarela al fuerte de San Juan.
Pero la editora te pide que te pongas calzado de montaña. El Parque Nacional de las Calanques, creado en 2012, empieza en los límites de la ciudad: acantilados blancos, pinos y calas de agua turquesa como Sormiou, Morgiou o En-Vau. Se llega a pie o en barco desde el Puerto Viejo. En verano, consulta el acceso: algunos días se cierran por riesgo de incendio y ciertas calas necesitan reserva.
Marsella también se come. La bouillabaisse, la sopa de pescado de los pescadores, es aquí un ritual con receta estricta: si es barata, no es auténtica. Las panisses de harina de garbanzo, el aïoli y las navettes completan una cocina popular y mestiza, con mucho del norte de África. Y un pastis en una terraza del puerto.
Ven entre mayo y septiembre, camina mucho y mira más allá de los tópicos. Marsella no se parece a ninguna otra ciudad francesa, y esa es su mejor carta.
Si te gusta Marsella