
Travel Issue Nº 058 · España
Palma de Mallorca.
Mediterránea, elegante y luminosa. Una catedral gótica frente al mar y una ciudad que, fuera del verano, vuelve a ser de los suyos.
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Mejor época
MAY · JUN · JUL · AGO · SEP
Viajero ideal
pareja · amante del arte
Se parece a
Sóller · Valldemossa · Menorca
Tres razones para venir
Por qué Palma de Mallorca.
01
La Seu, la catedral gótica que se asoma a la bahía, tiene intervenciones de Gaudí y una capilla de cerámica de Miquel Barceló.
02
El castillo de Bellver es uno de los pocos castillos circulares de Europa, y el casco antiguo esconde patios señoriales mallorquines.
03
A media hora empieza la Serra de Tramuntana, Patrimonio Mundial, con Valldemossa, Deià y el tren de madera de Sóller.
Consejos de la editora
Los tips que no salen en Google.
Tip · 01
Ver La Seu por dentro a primera hora y, si coincide con el 2 de febrero o el 11 de noviembre, la "fiesta de la luz"
Tip · 02
Chocolate con ensaimada en Ca'n Joan de s'Aigo, abierto desde hace tres siglos
Tip · 03
Mercado de Santa Catalina por la mañana y tapeo en el barrio
Dónde dormir y dónde no
Los barrios.
✓ Donde sí
Casco antiguo
Catedral, patios, iglesias góticas y calles peatonales. La mejor base.
Santa Catalina
Antiguo barrio de pescadores, ahora con mercado, cafés y restaurantes de autor.
El Terreno
Junto al castillo de Bellver, con casas de principios del siglo XX y vistas a la bahía.
✗ Donde no
Playa de Palma (S'Arenal) para dormir
Zona de turismo de fiesta masiva en verano.
Tres momentos que se quedan
Experiencias.
Momento 01
La Seu y la bahía
Catedral gótica, Palacio de la Almudaina y paseo bajo las murallas hasta Es Baluard, el museo de arte contemporáneo con terraza sobre el mar.
Momento 02
Tramuntana en tren
Tren de madera a Sóller entre túneles y bancales de olivos, tranvía hasta el puerto y regreso por los pueblos de la sierra.
Momento 03
Patios de Palma
Paseo por el casco mirando hacia dentro de las casas señoriales: escaleras de piedra, columnas y patios que son de lo más bello de la ciudad.
Lo que no hacer
Ir en pleno agosto y quedarse en la zona de playas masificadas de la bahía.
No reservar el tren de Sóller en temporada alta y tener que esperar.
Comer en el paseo marítimo junto a la catedral: los mejores sitios están en Santa Catalina y en el casco.
Ver solo Palma y no subir a la Tramuntana: la isla empieza fuera de la ciudad.
El editorial completo
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Palma tiene un problema y una virtud. El problema es el verano: millones de visitantes, playas abarrotadas y precios disparados. La virtud es todo lo demás. Fuera de julio y agosto, la capital de Mallorca es una ciudad mediterránea elegante y sorprendentemente tranquila, con un patrimonio que muchos no ven porque solo vienen a la playa.
Empieza por La Seu, la catedral gótica que se asoma a la bahía como un barco de piedra. Por dentro es inmensa y luminosa, con intervenciones de Gaudí y una capilla cubierta de cerámica del artista mallorquín Miquel Barceló. Dos días al año, el 2 de febrero y el 11 de noviembre, el sol entra por el gran rosetón y proyecta su imagen justo debajo del rosetón opuesto: la llaman la fiesta de la luz. Al lado, el Palacio de la Almudaina, y bajo las murallas, Es Baluard, el museo de arte contemporáneo.
Sobre la ciudad se levanta el castillo de Bellver, uno de los pocos castillos góticos de planta circular de Europa, rodeado de pinos y con vistas a toda la bahía. Y en el casco antiguo, la editora te pide que mires hacia dentro de las casas: los patios señoriales de Palma, con sus escaleras de piedra y columnas, son de lo más bello de la ciudad.
Para comer, Santa Catalina, el antiguo barrio de pescadores con su mercado y sus restaurantes, y un chocolate con ensaimada en Ca'n Joan de s'Aigo, que lleva siglos sirviéndolos. Pa amb oli, sobrasada y tumbet completan el menú.
Y luego, la sierra. La Serra de Tramuntana, Patrimonio Mundial, empieza a media hora: un paisaje de montañas sobre el mar, bancales de olivos y pueblos de piedra. El tren de madera de Sóller, en marcha desde 1912, atraviesa túneles hasta el valle de los naranjos; desde allí, Deià y Valldemossa, donde Chopin pasó un invierno.
La editora recomienda Palma en mayo, junio o septiembre, o incluso en invierno, cuando la ciudad recupera su ritmo. Es entonces cuando se entiende por qué tantos artistas, de Miró a Barceló, eligieron vivir aquí.
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