
Travel Issue Nº 053 · España
Valencia.
Mediterránea, ruidosa y creativa. Une huerta, mar y arquitectura del futuro con una fiesta que quema la ciudad cada marzo.
↓ Sigue leyendo
Mejor época
ABR · MAY · JUN · SEP · OCT
Viajero ideal
foodie · pareja
Se parece a
Alicante · Xàtiva · Peñíscola
Tres razones para venir
Por qué Valencia.
01
Las Fallas (15-19 de marzo), Patrimonio Inmaterial de la Humanidad: monumentos de cartón y madera de varios pisos que arden la noche del 19, y mascletàs que hacen temblar el suelo cada mediodía.
02
Es la cuna de la paella: en la Albufera, a 20 minutos, se cocina la original —pollo, conejo, garrofó y judía verde— a la leña.
03
Tiene un parque de nueve kilómetros donde antes pasaba el río Turia: une la ciudad antigua con la Ciudad de las Artes y las Ciencias y se recorre entero en bicicleta.
Consejos de la editora
Los tips que no salen en Google.
Tip · 01
Jueves a las doce, a la puerta de los Apóstoles de la Catedral
Tip · 02
Paella a mediodía en El Palmar y paseo en barca por la Albufera al atardecer
Tip · 03
Horchata con fartons en una horchatería histórica del centro o en Alboraya, donde se cultiva la chufa
Dónde dormir y dónde no
Los barrios.
✓ Donde sí
Ciutat Vella (El Carmen)
Catedral, Lonja, Mercado Central y callejones con arte urbano. El corazón para dormir y caminar.
Ruzafa
El barrio de moda de verdad: cafés, restaurantes de autor y mercado de barrio.
El Cabanyal
Antiguo barrio de pescadores con fachadas de azulejo, bodegas centenarias y la playa a un paso.
Benimaclet
Ambiente de pueblo dentro de la ciudad, universitario y lleno de terrazas baratas.
✗ Donde no
Paseo de la Malvarrosa para comer paella
Muchos locales viven del turista de paso. Para arroz, El Palmar o reserva en un sitio de confianza.
Tres momentos que se quedan
Experiencias.
Momento 01
Mascletà a las dos de la tarde (1-19 de marzo)
En la plaza del Ayuntamiento, cinco minutos de pólvora a ritmo de percusión que se sienten en el pecho. Llega una hora antes y deja los tapones en el bolsillo… o no.
Momento 02
Del Turia a la Ciudad de las Artes en bici
Nueve kilómetros de parque por el antiguo cauce del río, con puentes históricos por encima, hasta la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Bici de alquiler y una mañana entera.
Momento 03
Atardecer en la Albufera
Barca tradicional por el lago entre arrozales y garzas, con el sol cayendo sobre el agua. Antes, paella a la leña en El Palmar.
Lo que no hacer
Pedir paella para cenar o en cualquier terraza con fotos. La paella es de mediodía, por encargo y mejor en la Albufera o en casas de toda la vida.
Llamar paella a cualquier arroz con marisco y chorizo. La valenciana no lleva ni marisco ni chorizo; el de marisco es otro arroz, igual de bueno.
Ir a Fallas sin reservar con meses o sin saber que de día y de noche hay pólvora en la calle. Si no te gusta el ruido, elige otra fecha.
Quedarse solo en el centro: el Cabanyal, la Malvarrosa y el Turia son la mitad de la ciudad.
El editorial completo
Leer el artículo firmado por la editora
+
El editorial completo
Leer el artículo firmado por la editora
Valencia tiene una costumbre que lo explica todo: cada 19 de marzo quema su propio arte. Durante meses, los artistas falleros construyen monumentos de varios pisos que critican, ridiculizan y celebran el año, y en una noche los convierten en ceniza. Una ciudad capaz de eso no vive mirando atrás.
Y sin embargo, pocas ciudades guardan tan bien su pasado. La Lonja de la Seda, gótico civil del siglo XV, es Patrimonio Mundial. La Catedral conserva un cáliz que la tradición identifica con el Santo Grial, y cada jueves a mediodía, en su puerta de los Apóstoles, se reúne el Tribunal de las Aguas, que lleva más de mil años resolviendo en valenciano los conflictos de riego de la huerta. Sin papeles, de palabra.
Después de la riada de 1957, la ciudad desvió el río Turia y convirtió su antiguo cauce en un parque de nueve kilómetros. Hoy es la columna vertebral de Valencia: se corre, se pasea y se pedalea por debajo de puentes históricos hasta llegar a la Ciudad de las Artes y las Ciencias, el conjunto futurista de Calatrava que parece aterrizado de otro planeta.
Pero a Valencia se viene a comer. La paella nació en la Albufera, el lago de agua dulce rodeado de arrozales que empieza a veinte minutos del centro. Allí, en El Palmar, se cocina la de verdad: pollo, conejo, garrofó y judía verde, a la leña, a mediodía. La editora insiste en lo de mediodía: pedir paella para cenar te delata. Por la tarde, horchata con fartons y, al atardecer, una barca por la Albufera entre garzas.
El Cabanyal, el antiguo barrio de pescadores junto a la playa, es la otra Valencia: casas bajas con fachadas de azulejo, bodegas como Casa Montaña, que sirve desde 1836, y la Malvarrosa a dos calles. Ruzafa es la Valencia que se reinventa, con cafés y cocina de autor.
¿Cuándo ir? Para la fiesta, Fallas, sabiendo que habrá pólvora a todas horas y hoteles al triple. Para disfrutarla con calma, mayo u octubre: 25 grados, mar templado y la ciudad entera en la calle. Valencia es de esas ciudades que se quedan cortas en un fin de semana.
Si te gusta Valencia