
Travel Issue Nº 280 · Marruecos
Esauira.
Atlántica, ventosa y bohemia. Un puerto amurallado blanco y azul donde Marruecos baja el volumen.
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Mejor época
MAY · JUN · JUL · AGO · SEP
Viajero ideal
quien busca un Marruecos tranquilo · surfista y kitesurfista
Se parece a
Marrakech · Agadir · Sidi Kaouki
Tres razones para venir
Por qué Esauira.
01
La medina, trazada en el siglo XVIII por un ingeniero francés para el sultán, es Patrimonio Mundial: murallas sobre el océano, cañones y callejas blancas con puertas azules.
02
El viento alisio la convirtió en la capital del kitesurf y el windsurf de África, y la mantiene fresca en verano.
03
Cada junio acoge el Festival Gnaoua y Músicas del Mundo, con la música trance de los gnawa en escenarios y plazas.
Consejos de la editora
Los tips que no salen en Google.
Tip · 01
Elegir pescado en los puestos del puerto y que te lo hagan a la parrilla al momento
Tip · 02
Atardecer en la Skala de la Ville, entre cañones de bronce, con las gaviotas y el océano rojo
Tip · 03
Clase de kitesurf o surf en Sidi Kaouki, a media hora al sur
Dónde dormir y dónde no
Los barrios.
✓ Donde sí
Medina
Riads, terrazas, artesanos y todo a pie. La forma de vivir Esauira.
Mellah (antiguo barrio judío)
Más tranquilo y auténtico dentro de las murallas, con historia sefardí.
Frente de playa
Hoteles modernos junto a la arena, buenos para deportes de viento.
✗ Donde no
Alojamientos lejos de la medina sin coche
La gracia está dentro de las murallas y alrededor del puerto.
Tres momentos que se quedan
Experiencias.
Momento 01
Puerto y parrilla
Barcas azules, redes, gaviotas y los pescadores vendiendo la captura del día. Eliges y te lo asan en el momento.
Momento 02
Murallas al atardecer
La Skala de la Ville y la del puerto, con cañones antiguos apuntando al Atlántico. La luz dorada sobre la medina blanca.
Momento 03
Festival Gnaoua (junio)
Conciertos en la plaza y en pequeños espacios de la medina, con músicos gnawa y artistas internacionales. La ciudad entera vibra.
Lo que no hacer
Ir solo de excursión de un día desde Marrakech: Esauira se disfruta despacio, durmiendo en un riad de la medina.
Fotografiar cabras subidas a los árganes en la carretera sin saber que a menudo están puestas para la foto y piden propina.
Comprar aceite de argán en cualquier puesto: mejor en cooperativas de mujeres identificadas.
Esperar playas de baño tranquilo: el viento y las olas mandan. Es mar de deporte y de paseo.
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Esauira es la respuesta para quien quiere Marruecos sin agobio. A tres horas de Marrakech por carretera, este antiguo puerto amurallado frente al Atlántico baja el volumen: aquí no hay prisas, los vendedores insisten poco y el viento lo limpia todo.
La ciudad que se ve hoy se trazó en el siglo XVIII, cuando el sultán encargó a un ingeniero francés un puerto fortificado para comerciar con Europa. Por eso su medina es distinta: calles más rectas, murallas con cañones de bronce apuntando al océano y casas blancas con puertas y ventanas azules. Es Patrimonio Mundial. Antes se llamó Mogador, y en la isla que hay frente a la costa los fenicios y los romanos fabricaban tinte púrpura.
Lo primero que hay que hacer es ir al puerto. Barcas azules, redes, gaviotas y pescadores vendiendo la captura del día; en los puestos de al lado eliges el pescado y te lo asan en el momento. Luego, subir a la Skala de la Ville al atardecer, entre cañones, con el océano rojo y la medina dorada. La editora no conoce un plan mejor en Marruecos.
El viento es parte del carácter de Esauira. Los alisios soplan casi todo el año, mantienen la ciudad fresca en verano —cuando Marrakech supera los 40 grados— y la han convertido en una de las capitales del kitesurf y el windsurf de África. Al sur, Sidi Kaouki es la playa de los surfistas; Diabat, la de los paseos a caballo, con la leyenda de que Jimi Hendrix pasó por aquí.
En junio, el Festival Gnaoua y Músicas del Mundo llena la ciudad de la música trance de los gnawa, mezclada con artistas internacionales. El resto del año, Esauira es un lugar de artesanos —la marquetería de madera de tuya—, de cooperativas de argán gestionadas por mujeres y de terrazas para ver pasar la tarde.
No es una ciudad para playas de baño tranquilo ni para fiestas. Es para dormir en un riad, comer pescado a la brasa y dejar que el viento haga su trabajo. Dos o tres días bastan para salir de aquí más ligero.
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