
Travel Issue Nº 323 · España
Zaragoza.
Franca, ventosa y hospitalaria. Dos mil años de historia junto al Ebro y una plaza donde caben todas las épocas.
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Mejor época
ABR · MAY · JUN · SEP · OCT · NOV
Viajero ideal
amante del arte (Goya) · foodie de tapa
Se parece a
Huesca · Teruel · Albarracín
Tres razones para venir
Por qué Zaragoza.
01
La Basílica del Pilar, con cúpulas de colores y frescos de Goya, preside una de las plazas más grandes de Europa junto al Ebro.
02
La Aljafería es un palacio islámico del siglo XI, uno de los pocos de su época que se conservan, y el arte mudéjar de Aragón es Patrimonio Mundial.
03
El Tubo, el laberinto de callejas del centro, es una de las mejores zonas de tapeo de España.
Consejos de la editora
Los tips que no salen en Google.
Tip · 01
Subir a la torre del Pilar para ver la plaza, el Ebro y las cúpulas de colores desde arriba
Tip · 02
Ver los frescos de Goya en la basílica y luego el Museo Goya; el pintor nació a 45 kilómetros, en Fuendetodos
Tip · 03
Visitar la Aljafería con calma
Dónde dormir y dónde no
Los barrios.
✓ Donde sí
Casco histórico
El Pilar, La Seo, El Tubo y el Puente de Piedra. Todo a pie.
Magdalena
Barrio alternativo con bares, mercado y vida de barrio junto al casco.
Paseo Independencia y centro
Comercio y buenos hoteles a un paso de todo.
✗ Donde no
Polígonos de las afueras
Hoteles de carretera lejos del casco; la ciudad se disfruta a pie.
Tres momentos que se quedan
Experiencias.
Momento 01
La plaza del Pilar de punta a punta
De la basílica a La Seo pasando por la Lonja: una plaza enorme donde conviven el barroco, el gótico, el mudéjar y la Zaragoza contemporánea.
Momento 02
Ofrenda de Flores (12 de octubre)
Cientos de miles de personas vestidas con traje regional llevan flores a la Virgen hasta formar un manto gigante en la plaza del Pilar. El día grande de la ciudad.
Momento 03
Tardeo en El Tubo
Callejas estrechas llenas de bares de tapas, cada uno con su especialidad. Se va de uno en uno, como en el norte.
Lo que no hacer
Pensar que es solo una parada entre Madrid y Barcelona: merece al menos dos días.
Ver el Pilar sin cruzar el Puente de Piedra para mirarlo desde la otra orilla del Ebro.
Olvidar el cortavientos: el cierzo puede soplar con fuerza y cambiar la sensación térmica.
Ir a las Fiestas del Pilar sin reservar: los hoteles se llenan con meses.
El editorial completo
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Zaragoza es una de esas ciudades por las que media España pasa y pocos se quedan. Error. Entre Madrid y Barcelona, a una hora en tren de cada una, guarda dos mil años de historia, una de las plazas más grandes de Europa y un tapeo que no tiene nada que envidiar al del norte.
Los romanos la fundaron como Caesaraugusta, y su teatro se puede visitar en el centro. Los musulmanes dejaron la Aljafería, un palacio del siglo XI que es uno de los pocos de su época que se conservan, con arcos entrecruzados y el patio de Santa Isabel; los Reyes Católicos le añadieron un salón con techos dorados. El arte mudéjar de Aragón, esa fusión de técnicas islámicas y edificios cristianos, es Patrimonio Mundial.
Pero el símbolo es el Pilar. La basílica, con sus cúpulas de tejas de colores, preside una plaza inmensa junto al Ebro. Dentro hay frescos del joven Goya, que nació a 45 kilómetros, en Fuendetodos, y del que la ciudad tiene un museo propio. La editora recomienda cruzar el Puente de Piedra y mirar la basílica desde la otra orilla al atardecer: es la mejor postal de la ciudad. Al otro extremo de la plaza, La Seo, la catedral, mezcla románico, gótico, mudéjar y barroco.
Después, El Tubo: un laberinto de callejas estrechas en el centro con bares de tapas uno detrás de otro, cada uno con su especialidad. Champiñones a la plancha, bocadillos de calamares, croquetas y vermú. Se va de bar en bar, de pie, como manda la tradición.
En octubre llegan las Fiestas del Pilar. El 12, la Ofrenda de Flores reúne a cientos de miles de personas vestidas con traje regional que llevan flores a la Virgen hasta formar un manto gigante. Es el día grande de una ciudad que, durante una semana, vive en la calle.
El cierzo, el viento que baja del Moncayo, es parte de la personalidad de Zaragoza: limpia el cielo y refresca el verano, pero en invierno conviene abrigarse. Ven en primavera u otoño, quédate dos noches y descubrirás por qué los maños son tan hospitalarios.
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