
Travel Issue Nº 052 · España
Sevilla.
Barroca, teatral y orgullosa. Vive en la calle y en la sombra, y convierte un martes cualquiera en procesión o en feria.
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Mejor época
MAR · ABR · MAY · OCT · NOV
Viajero ideal
pareja · foodie de barra
Se parece a
Cádiz · Córdoba · Carmona
Tres razones para venir
Por qué Sevilla.
01
El Real Alcázar es el palacio real en uso más antiguo de Europa: mudéjar del siglo XIV, jardines de naranjos y estanques, y todavía la residencia del rey cuando visita la ciudad.
02
La Catedral es el mayor templo gótico del mundo y guarda la tumba de Colón. La Giralda, que fue alminar almohade, se sube por rampas y no por escaleras: estaban pensadas para que subiera un caballo.
03
Es la capital del tapeo y del flamenco vivo. Triana sigue siendo barrio de alfareros y cantaores, y en las barras antiguas la cuenta todavía se apunta con tiza sobre la madera.
Consejos de la editora
Los tips que no salen en Google.
Tip · 01
Primera tapa en El Rinconcillo (calle Gerona), abierto desde 1670
Tip · 02
Cruzar a Triana por el puente de Isabel II al atardecer y bajar por la calle Betis con la Torre del Oro enfrente
Tip · 03
Subir a la pasarela de las Setas (Metropol Parasol) al anochecer
Dónde dormir y dónde no
Los barrios.
✓ Donde sí
Santa Cruz
La antigua judería: callejones estrechos, plazas con naranjos y patios. Para pasear temprano, antes de los grupos.
Triana
Al otro lado del río: cerámica, mercado, capillas de hermandad y cante. Se duerme bien y se come mejor.
Alfalfa y calle Feria
El centro donde viven los sevillanos: barras de siempre, el mercado de Feria y plazas con terraza sin carta de fotos.
Arenal
Entre la Maestranza y el río. Bares de toreros, la Torre del Oro y el paseo junto al Guadalquivir.
✗ Donde no
Avenida de la Constitución para comer
La calle más bonita para pasear y la peor para sentarse: precios de postal y cocina de mediodía para grupos.
Tres momentos que se quedan
Experiencias.
Momento 01
El Alcázar recién abierto
Entrar con el primer turno, cruzar el Patio de las Doncellas con el agua quieta y perderse por los jardines: el laberinto, la galería del Grutesco y los baños de doña María de Padilla, frescos incluso en junio. Dos horas que justifican el viaje.
Momento 02
Tapeo de la Alfalfa a la calle Feria
Empezar de pie en una barra antigua, seguir por las plazas de la Alfalfa y terminar en el mercado de Feria. Una tapa en cada sitio, nunca una ración: así se come en Sevilla.
Momento 03
Triana de cerámica y cante
El Centro Cerámica Triana, en una antigua fábrica de azulejos; el mercado, levantado sobre las ruinas del castillo de San Jorge; y, de noche, una peña o una taberna donde alguien termine cantando.
Lo que no hacer
Visitar el Alcázar y la Plaza de España a mediodía en verano. El Alcázar, a primera hora y con entrada comprada online; la Plaza de España, al atardecer.
Comer en las terrazas pegadas a la Catedral, con carta de fotos. Las buenas barras están a cinco minutos: Alfalfa, la calle Feria, Triana.
Plantarse en la Feria de Abril sin contactos esperando entrar en cualquier caseta: la mayoría son privadas. Hay casetas públicas, pero la Feria de verdad se vive invitado; si no, mejor de día, paseando el real.
Ver flamenco en un espectáculo con cena incluida y autobuses de grupo. Mejor una sala pequeña de aforo reducido o una peña, sin menú obligatorio.
El editorial completo
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Sevilla no se visita: se asiste. Es una ciudad que sabe que la miran y lo agradece, desde el campanario de la Giralda hasta el camarero que te apunta la cuenta con tiza. Durante dos siglos fue el puerto de las Indias —todo lo que iba y venía de América pasaba por aquí— y esa riqueza se nota en cada iglesia, en cada patio y en la forma en que la gente ocupa la calle.
Empieza por el Real Alcázar, y empieza temprano. Es el palacio real en uso más antiguo de Europa, mudéjar, con estancias que la Casa Real sigue utilizando y unos jardines donde el agua manda. Después, la Catedral: el mayor templo gótico del mundo, la tumba de Colón y la Giralda, que se sube por rampas pensadas para un caballo. Entre los dos edificios está el Archivo de Indias, y los tres son Patrimonio Mundial.
Luego hay que dejar de mirar monumentos y empezar a vivir la ciudad. Sevilla se come de pie. En El Rinconcillo, abierto desde 1670, piden espinacas con garbanzos y un fino, y la cuenta se escribe en la madera. En la Alfalfa y en la calle Feria están las barras donde comen los sevillanos: una tapa en cada sitio, nunca una ración, y a la siguiente.
Cruza a Triana al atardecer por el puente de Isabel II. Al otro lado del Guadalquivir está el barrio de los alfareros y del cante: el mercado sobre las ruinas del castillo de San Jorge, las fachadas de azulejo, las capillas de hermandad. Si tienes suerte, la noche termina con alguien cantando por soleares en una taberna.
La editora tiene una opinión clara sobre las fechas. La Semana Santa y la Feria de Abril son espectáculos únicos, pero con hoteles al triple y calles cortadas; vívelas sabiendo a lo que vas. Para enamorarte de Sevilla, ve en mayo o en noviembre: azahar o luz dorada, 25 grados y patios abiertos. Y no vayas en agosto: a 42 grados, la ciudad más bonita de España se encierra hasta las diez de la noche.
Sevilla no tiene playa ni montaña cerca, y no le hace falta. Lo que ofrece es una forma de estar en la calle que pocas ciudades europeas conservan. Tres días bastan para entenderla, y una sola tarde en Triana para querer volver.
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